¿Y si realmente no podías con más?

Hay una frase que siento que como mamás casi nunca nos damos permiso de decir:No pude con eso. Fue más grande que yo.

Porque inmediatamente aparece todo lo demás.

  • “Pero debiste regularte.”

  • “Debiste tener más paciencia.”

  • “Debiste poner el límite.”

  • “Debiste estar más presente.”

  • “Debiste hacerlo diferente.”

Y sí, claro que hay cosas que podemos aprender, reparar y hacer diferente.

Pero yo siento que una de las fallas más grandes que tiene el campo de la psicología, especialmente todo lo relacionado con maternidad y bienestar de los peques, es que muchas de las recomendaciones parten de una realidad que casi nadie está viviendo.

¿Pero quién está sosteniendo a mamá?

Hablamos de crianza consciente, de co-regulación, de convertirnos en refugio seguro para nuestros hijos.

  • Que cuando el peque se desregule, tú puedas bajar la voz.

  • Respirar.

  • Ponerte a su nivel.

  • Validar.

  • No reaccionar desde el enojo.

  • Sostener el límite.

  • Ayudarle a regresar a la calma.

Y sí. Todo eso es maravilloso.

Pero ¿en qué condiciones está viviendo la persona que se supone que haga todo eso?

  • ¿Durmió?

  • ¿Comió?

  • ¿Está enferma?

  • ¿Tiene ayuda?

  • ¿Está preocupada por dinero?

  • ¿Tiene problemas de pareja?

  • ¿Está trabajando full-time?

  • ¿Está cargando con la casa?

  • ¿Tiene alguna persona que la releve?

  • ¿Tiene un village?

Porque no es lo mismo regular a un niño cuando tú tienes capacidad disponible que tratar de hacerlo cuando tu propio sistema nervioso lleva meses diciendo: no puedo más.

La pandemia nos lo puso en la cara

Durante la pandemia esto se hizo imposible de ignorar. De momento teníamos mamás trabajando full-time desde la casa, con los niños también en la casa.

  • Trabajando.

  • Supervisando escuela virtual.

  • Buscando computadoras.

  • Resolviendo internet.

  • Preparando desayuno.

  • Almuerzo.

  • Cena.

Tratando de mantener a los niños ocupados mientras ellas tenían reuniones o sesiones. Y muchas no pudieron.

Hubo mujeres que redujeron sus horas de trabajo o tuvieron que salir de la fuerza laboral porque alguien tenía que hacerse cargo de los niños. Pero la pandemia no creó este problema. Lo amplificó. Porque esto ya estaba ahí.

Tenemos más libertad. Y también tenemos más exigencias.

Hoy tenemos libertades que muchísimas de nuestras antepasadas no tuvieron.

  • Podemos estudiar.

  • Trabajar.

  • Tener nuestras propias cuentas.

  • Escoger profesiones.

  • Salir de relaciones.

  • Decidir sobre nuestras vidas de maneras que para muchas mujeres antes de nosotras eran prácticamente imposibles.

Y yo estoy profundamente agradecida por eso. Ellas lucharon muchísimo. Pero aquí está la otra parte: muchas de las exigencias anteriores no desaparecieron.

Se acumularon:

  • Ahora trabaja.

  • Produce.

  • Cría.

  • Conecta.

  • Juega.

  • Estimula.

  • Regula.

  • Co-regula.

  • Pon límites respetuosos.

  • No grites.

  • No traumatices.

  • Ten paciencia.

  • Haz actividades.

  • Lee sobre desarrollo.

  • Crea apego seguro.

  • Estate pendiente de la escuela.

  • Cuida la alimentación.

  • Cuida su autoestima.

  • Cuida tu matrimonio.

  • Cuida tu salud.

  • Cuida tu salud mental.

  • Y, por supuesto, hazlo todo estando presente y agradecida.

¡Es muchísimo!

Saber qué hacer no significa tener capacidad para hacerlo

Esta es una de las cosas que más he tenido que reconciliar dentro de mí.

Yo fui psicóloga de niños antes de ser mamá. Durante años trabajé con niños y adolescentes y me reunía con mamás para enseñarles muchas de estas mismas cosas.

  • Hablarles diferente.

  • Regularse.

  • Co-regular.

  • Sostener límites.

  • Estar presentes.

Y después fui mamá. Y allí entendí algo que desde afuera es muy difícil entender: tú puedes saber perfectamente qué deberías hacer y aun así no tener la capacidad para hacerlo en ese momento.

Eso me pasó.

Hubo momentos en mi maternidad en los que yo tenía muchísimo conocimiento sobre desarrollo, trauma y regulación emocional… y aun así no podía acceder a todo eso.

Estaba demasiado cansada. Demasiado sobrecargada. Mi sistema nervioso estaba demasiado saturado. Y esto es importante porque no estoy hablando de: “No quería.”

Estoy hablando de: No podía.

Nos cuesta muchísimo aceptar nuestros límites

Vivimos en una cultura del:

  • “100% responsabilidad.”

  • “No pongas excusas.”

  • “Si quieres, puedes.”

  • “Hazte responsable.”

Y yo entiendo esa parte. Creo profundamente en nuestra capacidad de transformarnos y en asumir responsabilidad por nuestra vida. Pero también creo que hemos confundido responsabilidad con negar nuestros límites humanos.

Tenemos límites. El cuerpo tiene un límite de cuánto tiempo puede pasar sin dormir. Tiene un límite de cuánto tiempo puede pasar sin comer. Tiene un límite de cuánto estrés puede sostener. El sistema nervioso también tiene límites. Y hay momentos en los que simplemente llegamos a ellos.

Aceptar eso no significa quedarnos ahí. No significa decir: “Pues no pude y ya, no voy a hacer nada.”

Significa dejar de convertir ese momento en una definición de quién tú eres.

Porque de: “No pude con eso”,

Pasamos rapidísimo a:

  • “Soy una mala madre.”

  • “Le fallé.”

  • “Arruiné todo.”

  • “No soy suficiente.”

Y esas son dos cosas completamente diferentes.

Quizás no necesitas más culpa. Quizás necesitas entender qué pasó.

En vez de quedarte solamente en:

“¿Por qué hice eso?”

o

“¿Por qué no pude hacerlo mejor?”

te invito a explorar tres cosas.

1. ¿Hay algo aquí que es más grande que yo?

Quizás hay algo generacional. Una historia familiar. Una herida. Una reacción que parece mucho más intensa que lo que está ocurriendo en el presente.

Quizás cada vez que tu hija hace algo específico se activa en ti una parte mucho más antigua. No significa automáticamente que todo sea trauma generacional. Pero vale la pena preguntarte:

¿Qué se está activando aquí?

¿Esto comenzó conmigo?

2. ¿Necesito más recursos?

  • ¿Cómo está tu sistema nervioso?

  • ¿Cómo estás durmiendo?

  • ¿Cómo estás comiendo?

  • ¿Cuánto estás sosteniendo?

  • ¿Qué espacio existe en tu vida donde tú no estás dando, resolviendo o cuidando a alguien?

Quizás necesitas más destrezas de regulación. Quizás necesitas terapia. Quizás necesitas movimiento. Descanso. Tiempo sola. Más espacios para ti.

No como otra tarea de autocuidado que ahora también tienes que hacer perfectamente.

Sino porque es muy difícil ofrecer regulación desde un sistema nervioso que está sobreviviendo.

3. ¿Necesito más ayuda?

Esta para mí es enorme. Porque muchas veces seguimos preguntándonos: “¿Qué puedo hacer yo mejor?”, cuando quizás también deberíamos preguntarnos:

  • ¿Por qué estoy tratando de hacer esto sola?

  • ¿Puedes pedirle más a tu pareja? ¿A tu familia? ¿A una amistad?

  • ¿Necesitas ayuda profesional?

  • ¿Puedes pagar una babysitter algunas horas?

  • ¿Delegar la limpieza? El laundry. La comida. Alguna de las cincuenta cosas que tienes en la cabeza.

Obviamente, no todas tenemos acceso a los mismos recursos. Y eso también hay que decirlo. No podemos hablar de maternidad como si todas las mujeres tuvieran dinero, familia disponible, una pareja involucrada o una comunidad segura alrededor.

Pero dentro de tu realidad:

¿Dónde sí existe alguna posibilidad de apoyo que quizás no estás utilizando?

“No pude con eso. Fue más grande que yo.”

Quiero invitarte a probar algo. Pon tu mano sobre tu corazón y di: No pude con eso. Fue más grande que yo.

Y observa qué pasa dentro de ti.

Es reconocer: Eso pasó. En ese momento, con los recursos que tenía, con el sistema nervioso que tenía, con lo que estaba viviendo…no pude.

Y desde ahí puedes hacer una pregunta mucho más útil que castigarte:

¿Qué sí tengo a mi alcance ahora?

¿Qué puedo aprender? ¿Qué necesito reparar? ¿Qué necesito entender? ¿Qué necesito pedir? ¿Qué necesito dejar de cargar? ¿Qué necesito hacer diferente?

Quizás asumir responsabilidad no empieza diciéndote que debiste haber podido con todo. Quizás empieza reconociendo con muchísima honestidad: esto fue más grande que mí en ese momento.

Y ahora que puedo verlo…¿qué quiero hacer con eso?

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